FUEGOS Apesadumbrado iba el marido dentro féretro, lloraban los acompañantes y el momento ampliaba el aura del dolor. Desde otro lado, Pablo, el viejo panteonero que revestía la edad de cincuenta años, echaba un vistazo a la esbelta figura de una viuda, analizaba detalladamente la anatomía de la mujer, la revisaba de pies a cabeza. Después de escanearla en todos los ángulos que pudo, se dijo que aún había cosas en la vida que con solo imaginarlas rejuvenecían a un triste solitario. Ella llevaba una negra y fina sombrilla para cubrirse del sol, pero el viento jugaba en contra suya, cargado de amplísima furia dibujaba en ella la figura soñada que Dios la premió. Todos lloraban y Pablo aún la observaba. Al pobre mortal le era difícil desviar la mirada hacia los otr...
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